"Peor el remedio que la enfermedad", frase muy cierta en muchos aspectos de la vida, y mucho más cuando a medicamentos se refiere. Nos dicen: tome esto señor, toma aquello y por ahi muy chiquito aparecen las famosas contraindicaciones.
Pero bueno este no era el caso de este post, sino a lo que apuntaba era a la utilización de esta frase en cuanto a prohibiciones. Es decir, por mas que se imponga una prohibición, el ser humano tiene ese ánimo aventurero de quebrantarla inebitablemente. ¿Y esto está mal?. Yo no lo puedo responder, pero de todas formas es algo que al parecer esta en la esencia del ser humano y que es, en la mayoría de los casos, inevitable.
Hasta acá estamos bien, pero hay muchos veces que se impusieron distintas prohibiciones y se siguen haciendo pero con total "impunidad" las sobrepasa una y otra y otra vez.
Finalmente llegamos al punto de:
Si quieres que haga algo, prohíbemelo.
De todas maneras las prohibiciones siguen ocurriendo: los estados prohiben, las religiones prohiben y hasta los padres prohiben.
Pero la naturaleza es más sabia, en esta no hay prohibiciones, pero naturalmente existen castigos. El animal sabe donde debe meterse o no, no porque esté prohibido, sino porque debido a su intución natural "conoce" cuales son las consecuencias que tendría en caso de que realizara dicha acción.
Sin ir mas lejos, todas las palabras y conceptos son creados por el hombre, y se observa muy bien esto al analizar la etimología de la palabra:
Prohibir deriba del latín prohibere, formada por el prefijo pro (apartar, mantener lejos) y habere (tener), osea que en el nacimiento de esta palabra su significado sería tener alejado pero con el tiempo fue derivando en ocultar o evitar hasta llegar al la concepción actual de impedir.
Como se observa, las palabras las va creando el hombre y va adoptando distintos significados dependiendo de los contextos, de esta manera palabras como éstas terminan perdiendo el verdadero significado.
Pero de todas maneras se debe observar que al ser humano tiene cierto cariño hacia lo prohibido, entonces ¿por qué se sigue prohibiendo tanto?. Tal vez sea la misma debilidad del hombre hacia lo prohibido que lo lleva a colocar impedimentos a otros hombres, de manera que sean quebrantados una y otra vez.
Por ejemplo, el caso de un padre que prohibe a su hijo hacer tal o cual cosa, imponiendo un falso respeto hacia éste, creyendo de esta manera que su hijo no realizará dicha acción cuando en el fondo sabe que lo va a hacer de igual manera que lo hizo él mismo.
Finalmente creo que la cuestión está en no prohibir, sino concientizar a los individuos de que cada acción que realiza tiene una consecuencia y que cada uno debe hacerse cargo de lo que ésta consecuencia pueda significar. De esta manera todos podríamos realizar lo que cada uno quisiese, como en el caso de los animales, pero evaluando a cada momento los riesgos tomados por nuestra devoción hacia el libre albedrio.
Saluda, Pablo.

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